martes, 29 de noviembre de 2016

Eduardo.

                                                                                I
Eduardo Montero era un veterano del volante, conocido entre sus compañeros de profesión como “El Conde de Montecristo”por su porte y su saber estar, nunca dejaba nada al azar.
Los años de transportar cualquier tipo de materia por toda Europa le habían enseñado sendas lecciones en sus primeros tiempos a los mandos del camión, no era aceptable ningún descuido ni omisión alguna. Revisaba la documentación, el estado del vehículo, los precintos del remolque y cualquier señal que pudiera indicar el más mínimo deterioro. Prefería perder diez minutos más que el resto de sus compañeros, para ganar muchas horas de tranquilidad en las carreteras a las que conocía mejor que su familia. 


El manifiesto del contenedor asignado en el puerto de Valencia indicaba una carga de material electrónico para una empresa auxiliardel automóvil en la provincia de Alicante.

-Un recorrido corto pensó- Pero provechoso, miro de cargar alguna otra cosa en Alicante y me voy volando a Cádiz-

Llevaba seis semanas fuera de casa, sin ver a su familia y a pesar de tener a todos sus hijos independizados, su mujer continuaba esperando pacientemente en casa su regreso.

-Son ya muchos los años que te he dejado sola, Carmen-
-Se dolía en silencio-
-Pero prometo compensarte, un añito más y me jubilo para estar siempre contigo, mi vida-

Sin más novedad pasó los trámites de aduana y dirigió el morro de su camión hacia el destino, el Conde de Montecristo no necesitaba consultar los sistemas de navegación instalados por su empresa, la carretera era y había sido el medio con el cual sacar adelante a su familia, la conocía bien y había visto como las estrechas vías locales,comarcales y nacionales, crecían en forma de amplias autovías de dos carriles. Las había visto crecer y desarrollarse como no pudo ver a sus hijos, ni estar a su lado. A pesar del amor de su familia.

Eduardo Montero se sentía un completo extraño en su casa y a pesar de intentarlo, era incapaz de estar al tanto de los problemas y alegrías existentes alrededor de su familia. Un pago injusto a tanto esfuerzo, pero sus hijos y su esposa Carmen necesitaban el fruto de su trabajo.

-Buenas noches a todos los pisa pedales que me estén escuchando- (bramó su voz potente al micrófono de la emisora por el canal habitual)
-Os habla el Conde de Montecristo-
-Buenas noches Conde-. (le respondió una primera voz)
-Bombardero en camino a Valencia por la A7, tráfico tranquilo y sin controles de los civiles por ningún lado-.
-Buenas noches, Bombardero. Voy para Alicante- (dijo sonriendo)
-Me habían dicho que estabas retirado gracias a la loteria.
-Una carcajada se escuchó por los altavoces de la cabina-.
-Conde, el día que quieras te invito a comer -(Respondió el otro)
Pero estoy tan “arruinao”como siempre-
-¿Pero sigues igual de guapo? (preguntó una nueva voz, en esta ocasión de mujer)
-Buenas noches ¿Eres tú Aurora Boreal? Cambio- (preguntó Bombardero)
-Así es chicos. Buenas noches Conde, buenas noches Bombardero. En el puerto de Valencia esperando para descargar mañana. Cambio-
-Aurora- (responde Eduardo)
-Si llego a saber antes que estás ahí, no te escapas de un café rápido, preciosa-.
El galán que casi todos los hombres llevan dentro afloraba en Eduardo Montero cada vez que una mujer se cruzaba en su camino,para él toda aquella que le dedicara una sonrisa o cinco minutos de atención, merecía todos los esfuerzos para algo más que una simple tertulia.
-¿A qué hora llegas a Alicante, Conde?
-Calculo que sobre las ocho de la mañana, la fábrica abre a las nueve en punto. En breve me detendré para el tiempo de descanso y dormir un poco. Estoy rendido.-
-Te haces viejo, Conde- (gritó Bombardero)-
-Te equivocas, Bombardero- (concedió el veterano camionero)soy viejo, demasiado mayor para seguir en esto-.
-¿Y eres demasiado mayor para digamos…tomar algo conmigo? (preguntó Aurora Boreal)
-Para eso nunca-Confirmó el Conde de Montecristo -a ver cuando coincidimos y te lo demuestro-
-Cuando quieras, Conde, tienes mi móvil. Guapetón.-
-Gracias, el Conde de Montecristo cierra su emisión por hoy y se para a dormir un ratito. -Buenas noches Aurora Boreal. Y a ti también Bombardero-
-Buenas noches, Conde. Hasta la próxima-responde Bombardero-
-Buenas noches, Eduardo. No me olvides- (Apostilló Aurora Boreal)

La prudencia de los años no era el motivo para dar media vuelta y acabar la noche en agradable compañía sobre la litera del camión de la chica, sino el sentido de la responsabilidad. Debía llevar la carga a su destino y eso no era moneda de cambio, el Conde de Montecristo jamás jugaba con el sustento de su casa. Lo carnal...era solo eso, una cuestión de casi necesidad ante la soledad, nada más.

                                                                              

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