martes, 29 de noviembre de 2016

Carlos

Si algún día la vecina se quejase sobre el excesivo tiempo que el despertador acostumbraba a sonar, tendría toda la razón del mundo.

Normalmente, Carlos, se despierta antes de la hora establecida y a pesar ello tiene fama de dormilón en la familia. Quizás debido a las largas noches de trabajo y a las cortas horas de media mañana o incluso de la tarde en las que puede dedicar a descabezar un sueño.

Su lunes se diferencia poco de otros días, además este fin de semana le ha tocado guardia y tuvo que presentarse en un par de incidencias habidas en la red de oficinas bancarias en las que trabaja. Las mafias venidas del este de Europa están causando estragos en los cajeros automáticos para poder financiar diversos tipos de actividades delictivas en sus países de origen...y en el nuestro.

Para ese lunes eligió un traje azul marino  y una camisa a rayas  azules, se puso su corbata preferida, lisa, de un discreto tono turquesa, como siempre libre y sin aguja. Huía de esas cosas y de otras...entre ellas de que nadie pudiera indicarme cómo combinar su ropa. Aunque lo suyo era vestir pantalones tejanos y camisetas de manga corta, no le gusta lucir la fachada. Decía que; una fachada no es indicativa de lo que hay en el interior de la casa.

Primero pensó en ir en moto, pero los condiciones climatológicas no eran adecuadas ese día
La moto era... para los días de fiesta, para sus escapadas y para burlar los radares de tráfico. Le gusta correr, En su reciente juventud, me contó que  recorrió toda Europa a lomos de una Yamaha, era un hombre libre. Es un hombre libre, “relativamente”.
Mantiene una relación con una azafata de líneas aéreas, les va bien. Se ven cada vez que ella  recala en Barcelona, tiene llaves de su casa, de su coche y no diré que de su corazón porque ese...no tiene propietaria. Tuvo un ¿noviazgo? largo, tres años de ir y venir, tres años de intensidad, tres años de...

Suele aparcar en el interior del edificio donde trabaja, tiene plaza reservada como directivo medio. Trabaja en la unidad de hechos delictivos y el fraude es su trabajo, “combatir el fraude”. Aunque la palabra fraude está sujeta y ligada a su vida, íntimamente y por más que intente desvincularse de ella, hay personas que jamás pueden alejarse de su destino y el suyo es; complicado de definir.

Solo dos cosas más. Es  un crápula, no porque lo vaya buscando, sino porque ese también es su destino: mantener relaciones breves, apasionadas y con un único contenido, el sexo. No se le da mal del todo, además, a la azafata la ve cada tres semanas, la abstinencia no va él.

La jornada comienza con un cortado de la máquina expendedora, siempre se queja de lo malísimo que es, pero cortado al fin y al cabo. Si no le toca guardia, el lunes puede encontrarse con una media de doscientos correos en su bandeja de entrada.
Los vigilantes de servicio abren la puerta estanca y recibe las novedades habidas desde el domingo noche, pocas pero alguna hay, sin mayor importancia. Sube a la cuarta planta, su despacho y como siempre es el primero en llegar, aunque en ocasiones es el director del departamento quien ya está trabajando, a continuación el jefe de su unidad y a partir de ahí, no hay orden alguno. Quien más quien menos, tiene algo que contar a compañeros de otros departamentos
sobre su fin de semana.
Se relaciona poco a nivel social. Su vida privada es desconocida para el entorno laboral, se limito a asistir a las obligadas cenas de empresa y poca cosa más. Nunca se queda a la fiesta discotequera posterior, no le gusta bailar y el día que Dios repartió garbo, él  estaba de vacaciones.

Su vida privada es un misterio para todo el mundo, es  la reserva absoluta, pero sin paranoias, se limita a ser discreto y si alguien tiene curiosidad es lo suficientemente diplomático como evitar la respuesta deseada.

Su trabajo consiste en manejar y resolver los problemas que surjan, tanto en el despacho como en la red de oficinas, edificios corporativos o en los atentados contra los cajeros automáticos. Además de luchar contra los cientos de fraudes y engaños que pudieran afectar a la entidad. Sin ser un departamento especial, sí que poseen una cierta patente de corso para poder saltarse, siempre con mucho cuidado, algunos de los procedimientos habituales.

Hoy es un día tranquilo para Carlos , un lunes de transición. Queda poco para las vacaciones y dispone de quinces días laborables para desconectar por completo. Para más inri, con su azafata Lidia; no coinciden este año.
Ella ha escogido agosto para pasarlo con él en Barcelona, aunque no descarta que haga alguna salida esporádica, tampoco descarta que tenga alguna relación por esos mundos. La fidelidad no es un común denominador entre ellos, creo que ambos
aceptan eso de manera tácita. Lo ideal sería entregarse ambos totalmente, sin reservas. Pero esa oportunidad ya pasó por su vía y no quiso detenerse el tren en ese andén.
El director del departamento es un tipo muy profesional, lo admira, sabe lo que hace y sabe mandar. La reunión con Eduardo es rápida pero provechosa, está al corriente de todas las incidencias y las resoluciones tomadas.
Resuelve varias cuestiones más, toma café de máquina y llegan las cuatro de la tarde.
Se marcha a casa volando…
El móvil personal comienza sonar…
Su amigo Agus llama un par de veces , y Nieves…hasta en cuatro ocasiones...
Nieves es su noviazgo de tres años, la única mujer que tuvo un peso específico en su vida, no le importa ayudarla cuando tiene problemas o decae, pero esa relación está finiquitada, aunque ella no lo quiere aceptar...y así van para tres, los años que lo dejaron.
Carlos es un hombre escéptico y pragmático. No cree en cuestiones misteriosas, ni en cábalas, horóscopos, tarot, quiromancias o brujerías. Cree en Dios, aunque, según él , lo tiene muy abandonado,
A veces se le escucha decir….¡Perdona Señor todas mis faltas!

Agus, amigo de la infancia, es otro crápula. Quedan para tomar café con cierta frecuencia y mientras le pregunta por su esposa y sus hijos, él le explica sus últimos ligues, sus conquistas y ningún fiasco...esto último es difícil de creer, no todo son flores en el camino, pero se ríe como un descosido por la naturalidad que tiene ese gallego catalán de narrar su vida. Alguna que otra narración la documenta con videos. Evidentemente su llamada era para tomar café, quedaran  el próximo jueves por la tarde, aunque realmente, le apetecía ir al cine a ver una película, el viernes llega Lidia y no tendrá mucho tiempo para perder.
Recibe dos llamadas mas por el teléfono profesional y dos temas de último momento solucionados.
Aparca el coche y sube a casa, le apetece una ducha mientras pongo en el microondas una de las fiambreras de comida congelada, cocina casera nada de supermercado, le gusta la cocina y se hace los menús de varios días. Vive solo y es el único con capacidad para legislar, cumplir y hacer cumplir las leyes, o no. Todo depende del humor que tenga y todo depende de lo que le  apetezca en ese momento.

Piensa en alto ;  ¡Eres Géminis! Diría su mejor amiga, una mujer a la que adora ...
Ella cree en estas cosas, pero él no. Le conoce demasiado bien y sabe demasiadas cosas de él, pero no le importa. Según él,es una mujer especial, una mujer maravillosa, una persona extraordinaria de la que le separan quinientos veintitrés quilómetros, pero hablan casi cada día.

Le  cuesta devolver la llamada a Nieves, cada charla que tienen es una agonía que alarga la complicada metástasis que supuso el fin de su relación, cada conversación empieza con buenas intenciones y un cierto toque de humor pero finalizan con dolor. Un dolor injusto que no debieran padecer aquellos a los que realmente se han amado y aún algo de cariño les queda. Un jarrón roto, roto queda y por más que intentemos reconstruirlo...las piezas continuarán rotas, unidas artificialmente y con la consistencia original perdida.
Nunca la llama desde el menú de contactos, recuerda a la perfección su número de móvil y el del teléfono fijo de su casa, cada día pasa por delante de ella y cada día continua queriendo parar ante su puerta, subir y verla; pero si las conversaciones son metástasis dolorosas, las visitas son terapias terminales sin ninguna esperanza.
Marca el número sin mirar y antes del segundo toque ya ha descolgado.

-¿Cómo estás mi Niño?-

-Bien, acabo de llegar a casa ¿Y tú?
-¿Te has duchado ya?-

-Sí, ya sabes mis costumbres ¿Ocurre algo? (pregunta con una cierta alarma)
Ella suspira profundamente  y Carlos  intuye la tormenta, porque ese parte meteorológico ya lo conoce.

-Necesito verte, hoy si es posible-

(Le dice con una seguridad desconocida en las conversaciones que mantienen
habitualmente)- Hay algo que debo tratar contigo y no me gustaría hacerlo por teléfono.-

-Bien- (lo cierto es que le fastidia recorrer los cuarenta Kilómetros que les separan, pero hoy no tiene planes)

- ¿De qué se trata? Al menos dame una pista, por favor.-

-Mejor quedamos en mi casa o en el nueve noventa y charlamos-
¿Dónde te apetece más?

-Mejor en el nueve noventa- (confirma Carlos).

-Como prefieras- (confiesa afectada)- aunque a esta hora estará lleno de gente

-Vale, subo a tu casa ¿Mejor?-

-Te espero, cariño.-

-En una hora y poco estoy ahí-

Anna

Anna tuvo un mal despertar ese día, no solo porque era lunes, sino porque Daniel no había dado señales de vida durante todo el fin de semana. La ducha no era solo una cuestión básica de higiene en ese momento, sino una liberación para los sueños pesados de esa noche y un camino para que su pereza fuera desapareciendo entre las gotas de agua y el gel.
Envuelta en un albornoz blanco desayunó dos tostadas con mantequilla y el café con leche habitual de cada mañana.


-Odio los lunes- –dijo en voz alta mirando a su gata-
-No sabes cómo odio los lunes Trisca, no lo sabes-


Escogió un vestido negro muy cómodo, sencillo pero elegante y unos zapatos planos para ese día. A pesar de estar entrando el otoño, las temperaturas resultaban muy agradables, habría que ir pensando en las botas dentro de unas semanas.


Ya vestida y maquillada entró a ver a su hija, desesperando por el desorden imperante en la habitación, pero derramando ternura por toda la sala y depositando un tierno beso en su frente, adornada por aquella melena en exceso salvaje e indomable.
Salió del aparcamiento con una cierta rapidez, diez minutos escasos la separaban de su trabajo y casi siempre era la primera en llegar.


El Renault Clío amarillo no casaba ni con su estilo, ni con su traje, ni con su bolso, ni con nada asociado a ella. Pero era el único coche de sustitución disponible en el taller, hasta que pudieran arreglar la avería del suyo.
Aparcó en su plaza reservada, dentro de la fábrica. A pesar de no ser demasiado observadora para esas cosas, algo extraño ocurría hoy en los alrededores, había más coches de lo habitual y casi todos mal aparcados entorno a su planta.


Carmen, la eficiente recepcionista la saludó con su habitual sonrisa respondiéndole con la amabilidad propia de un inicio de semana, tenía las mismas ganas de enfrentarse a este día como ganas de morirse, ningunas.
Pudo convencer a su tío Jaime, propietario de la fábrica, para que comprara algunas cafeteras en condiciones, el café de las expendedoras era realmente malo. Con una taza en condiciones, resulta más llevadero ver como se conecta el ordenador y comprobar como suman los correos electrónicos en la bandeja de entrada.


-Treinta y cuatro ¡Ja! -dijo en voz alta Anna, sin reparar en las miradas de soslayo que le dirigían las dos empleadas de su departamento.
Ellas habían empezado a las seis de la mañana y ya estaban repuestas del pasmo del lunes, pero Anna todavía no. 

Sonó su móvil y antes de contestar salió al pasillo común de la zona administrativa.
-¿Sí? -preguntó.-
-Buenos días, le habla su servicio despertador- dijo Daniel con voz risueña.
-Si tuviera que fiarme de usted para despertarme, habría llegado tarde a la oficina-
-Oye, oye…sin mal humor ehh, que llevo rondando desde las siete de la mañana- respondió.-
-Desde las seis y media estoy en pie, aprende-
El sarcasmo era lo que más le apetecía usar esta mañana, antes que descargar
una andanada de mal carácter.
-Veo que estás alterada. Solo llamaba para darte los buenos días- se justificó.
-Esperaba que me llamaras el jueves o el viernes…-
-Anduve liado con el trabajo, ya sabes cómo funcionan estas cosas- se justificó Daniel.
¿También has trabajado el fin de semana?
-Bueno, digamos que estuve bastante ocupado ¿No estarás enfadada?-
-Noooooooooooooooo, para nada dijo levantando una octava el tono de su voz-
-No he tenido tiempo de enfadarme, salí de marcha el viernes, llegué a mi casa el sábado a mediodía. Volví a salir el sábado por la tarde y llegué el domingo por la tarde-


-¿En serio? –preguntó atónito-

-¡Claro!, si no me llamas no voy a quedarme para vestir santos –dijo Anna con retintín.
-Vale, pues solo era eso. Para darte los buenos días. Ya hablaremos, Anna-
-¿Cuándo? -pregunta impaciente-.
-¿Cuándo? ¿Qué? –estupefacto-
-¿Cuándo hablaremos? ¿Esta semana? ¿La siguiente? ¿En las Navidades?
-No te preocupes, Annita. Que tengas una buena semana -dijo colgando.


-¿Annita?... ¡Tu tía!- dijo viendo que la señal de llamada había finalizado.
Todo el fin de semana en casa como una monja esperando a que él llamara y se descolgaba con frivolidades y excusas vanas.


Mal comienzo de lunes para Anna.

Eduardo.

                                                                                I
Eduardo Montero era un veterano del volante, conocido entre sus compañeros de profesión como “El Conde de Montecristo”por su porte y su saber estar, nunca dejaba nada al azar.
Los años de transportar cualquier tipo de materia por toda Europa le habían enseñado sendas lecciones en sus primeros tiempos a los mandos del camión, no era aceptable ningún descuido ni omisión alguna. Revisaba la documentación, el estado del vehículo, los precintos del remolque y cualquier señal que pudiera indicar el más mínimo deterioro. Prefería perder diez minutos más que el resto de sus compañeros, para ganar muchas horas de tranquilidad en las carreteras a las que conocía mejor que su familia. 


El manifiesto del contenedor asignado en el puerto de Valencia indicaba una carga de material electrónico para una empresa auxiliardel automóvil en la provincia de Alicante.

-Un recorrido corto pensó- Pero provechoso, miro de cargar alguna otra cosa en Alicante y me voy volando a Cádiz-

Llevaba seis semanas fuera de casa, sin ver a su familia y a pesar de tener a todos sus hijos independizados, su mujer continuaba esperando pacientemente en casa su regreso.

-Son ya muchos los años que te he dejado sola, Carmen-
-Se dolía en silencio-
-Pero prometo compensarte, un añito más y me jubilo para estar siempre contigo, mi vida-

Sin más novedad pasó los trámites de aduana y dirigió el morro de su camión hacia el destino, el Conde de Montecristo no necesitaba consultar los sistemas de navegación instalados por su empresa, la carretera era y había sido el medio con el cual sacar adelante a su familia, la conocía bien y había visto como las estrechas vías locales,comarcales y nacionales, crecían en forma de amplias autovías de dos carriles. Las había visto crecer y desarrollarse como no pudo ver a sus hijos, ni estar a su lado. A pesar del amor de su familia.

Eduardo Montero se sentía un completo extraño en su casa y a pesar de intentarlo, era incapaz de estar al tanto de los problemas y alegrías existentes alrededor de su familia. Un pago injusto a tanto esfuerzo, pero sus hijos y su esposa Carmen necesitaban el fruto de su trabajo.

-Buenas noches a todos los pisa pedales que me estén escuchando- (bramó su voz potente al micrófono de la emisora por el canal habitual)
-Os habla el Conde de Montecristo-
-Buenas noches Conde-. (le respondió una primera voz)
-Bombardero en camino a Valencia por la A7, tráfico tranquilo y sin controles de los civiles por ningún lado-.
-Buenas noches, Bombardero. Voy para Alicante- (dijo sonriendo)
-Me habían dicho que estabas retirado gracias a la loteria.
-Una carcajada se escuchó por los altavoces de la cabina-.
-Conde, el día que quieras te invito a comer -(Respondió el otro)
Pero estoy tan “arruinao”como siempre-
-¿Pero sigues igual de guapo? (preguntó una nueva voz, en esta ocasión de mujer)
-Buenas noches ¿Eres tú Aurora Boreal? Cambio- (preguntó Bombardero)
-Así es chicos. Buenas noches Conde, buenas noches Bombardero. En el puerto de Valencia esperando para descargar mañana. Cambio-
-Aurora- (responde Eduardo)
-Si llego a saber antes que estás ahí, no te escapas de un café rápido, preciosa-.
El galán que casi todos los hombres llevan dentro afloraba en Eduardo Montero cada vez que una mujer se cruzaba en su camino,para él toda aquella que le dedicara una sonrisa o cinco minutos de atención, merecía todos los esfuerzos para algo más que una simple tertulia.
-¿A qué hora llegas a Alicante, Conde?
-Calculo que sobre las ocho de la mañana, la fábrica abre a las nueve en punto. En breve me detendré para el tiempo de descanso y dormir un poco. Estoy rendido.-
-Te haces viejo, Conde- (gritó Bombardero)-
-Te equivocas, Bombardero- (concedió el veterano camionero)soy viejo, demasiado mayor para seguir en esto-.
-¿Y eres demasiado mayor para digamos…tomar algo conmigo? (preguntó Aurora Boreal)
-Para eso nunca-Confirmó el Conde de Montecristo -a ver cuando coincidimos y te lo demuestro-
-Cuando quieras, Conde, tienes mi móvil. Guapetón.-
-Gracias, el Conde de Montecristo cierra su emisión por hoy y se para a dormir un ratito. -Buenas noches Aurora Boreal. Y a ti también Bombardero-
-Buenas noches, Conde. Hasta la próxima-responde Bombardero-
-Buenas noches, Eduardo. No me olvides- (Apostilló Aurora Boreal)

La prudencia de los años no era el motivo para dar media vuelta y acabar la noche en agradable compañía sobre la litera del camión de la chica, sino el sentido de la responsabilidad. Debía llevar la carga a su destino y eso no era moneda de cambio, el Conde de Montecristo jamás jugaba con el sustento de su casa. Lo carnal...era solo eso, una cuestión de casi necesidad ante la soledad, nada más.