martes, 29 de noviembre de 2016

Anna

Anna tuvo un mal despertar ese día, no solo porque era lunes, sino porque Daniel no había dado señales de vida durante todo el fin de semana. La ducha no era solo una cuestión básica de higiene en ese momento, sino una liberación para los sueños pesados de esa noche y un camino para que su pereza fuera desapareciendo entre las gotas de agua y el gel.
Envuelta en un albornoz blanco desayunó dos tostadas con mantequilla y el café con leche habitual de cada mañana.


-Odio los lunes- –dijo en voz alta mirando a su gata-
-No sabes cómo odio los lunes Trisca, no lo sabes-


Escogió un vestido negro muy cómodo, sencillo pero elegante y unos zapatos planos para ese día. A pesar de estar entrando el otoño, las temperaturas resultaban muy agradables, habría que ir pensando en las botas dentro de unas semanas.


Ya vestida y maquillada entró a ver a su hija, desesperando por el desorden imperante en la habitación, pero derramando ternura por toda la sala y depositando un tierno beso en su frente, adornada por aquella melena en exceso salvaje e indomable.
Salió del aparcamiento con una cierta rapidez, diez minutos escasos la separaban de su trabajo y casi siempre era la primera en llegar.


El Renault Clío amarillo no casaba ni con su estilo, ni con su traje, ni con su bolso, ni con nada asociado a ella. Pero era el único coche de sustitución disponible en el taller, hasta que pudieran arreglar la avería del suyo.
Aparcó en su plaza reservada, dentro de la fábrica. A pesar de no ser demasiado observadora para esas cosas, algo extraño ocurría hoy en los alrededores, había más coches de lo habitual y casi todos mal aparcados entorno a su planta.


Carmen, la eficiente recepcionista la saludó con su habitual sonrisa respondiéndole con la amabilidad propia de un inicio de semana, tenía las mismas ganas de enfrentarse a este día como ganas de morirse, ningunas.
Pudo convencer a su tío Jaime, propietario de la fábrica, para que comprara algunas cafeteras en condiciones, el café de las expendedoras era realmente malo. Con una taza en condiciones, resulta más llevadero ver como se conecta el ordenador y comprobar como suman los correos electrónicos en la bandeja de entrada.


-Treinta y cuatro ¡Ja! -dijo en voz alta Anna, sin reparar en las miradas de soslayo que le dirigían las dos empleadas de su departamento.
Ellas habían empezado a las seis de la mañana y ya estaban repuestas del pasmo del lunes, pero Anna todavía no. 

Sonó su móvil y antes de contestar salió al pasillo común de la zona administrativa.
-¿Sí? -preguntó.-
-Buenos días, le habla su servicio despertador- dijo Daniel con voz risueña.
-Si tuviera que fiarme de usted para despertarme, habría llegado tarde a la oficina-
-Oye, oye…sin mal humor ehh, que llevo rondando desde las siete de la mañana- respondió.-
-Desde las seis y media estoy en pie, aprende-
El sarcasmo era lo que más le apetecía usar esta mañana, antes que descargar
una andanada de mal carácter.
-Veo que estás alterada. Solo llamaba para darte los buenos días- se justificó.
-Esperaba que me llamaras el jueves o el viernes…-
-Anduve liado con el trabajo, ya sabes cómo funcionan estas cosas- se justificó Daniel.
¿También has trabajado el fin de semana?
-Bueno, digamos que estuve bastante ocupado ¿No estarás enfadada?-
-Noooooooooooooooo, para nada dijo levantando una octava el tono de su voz-
-No he tenido tiempo de enfadarme, salí de marcha el viernes, llegué a mi casa el sábado a mediodía. Volví a salir el sábado por la tarde y llegué el domingo por la tarde-


-¿En serio? –preguntó atónito-

-¡Claro!, si no me llamas no voy a quedarme para vestir santos –dijo Anna con retintín.
-Vale, pues solo era eso. Para darte los buenos días. Ya hablaremos, Anna-
-¿Cuándo? -pregunta impaciente-.
-¿Cuándo? ¿Qué? –estupefacto-
-¿Cuándo hablaremos? ¿Esta semana? ¿La siguiente? ¿En las Navidades?
-No te preocupes, Annita. Que tengas una buena semana -dijo colgando.


-¿Annita?... ¡Tu tía!- dijo viendo que la señal de llamada había finalizado.
Todo el fin de semana en casa como una monja esperando a que él llamara y se descolgaba con frivolidades y excusas vanas.


Mal comienzo de lunes para Anna.

No hay comentarios:

Publicar un comentario